Fernando VII: El Rey Felón y la Restauración Absolutista en España

Fernando VII de España

Fernando VII, apodado "El Deseado" y posteriormente "El Rey Felón", es una figura controversial y crucial en la historia de España. Su reinado, marcado por la inestabilidad política, el absolutismo restaurado, la represión liberal y la pérdida de gran parte del imperio colonial americano, lo convirtió en un personaje profundamente divisivo, cuyo legado aún se debate. Ascendió al trono en 1808, en medio de la crisis dinástica provocada por las intrigas napoleónicas, y su gobierno, interrumpido por la ocupación francesa y las Cortes de Cádiz, se extendió formalmente hasta su muerte en 1833.

Su reinado puede dividirse en varias etapas clave. La primera, breve pero significativa, transcurre entre la abdicación de su padre, Carlos IV, en su favor en marzo de 1808 y su posterior abdicación forzada a manos de Napoleón en Bayona en mayo del mismo año. Este periodo, aunque corto, reveló la debilidad de la monarquía española y la ambición de Fernando, ansioso por destronar a su padre, impulsado por facciones cortesanas descontentas con el valimiento de Manuel Godoy.

La abdicación de Bayona y la imposición de José Bonaparte como rey de España desencadenaron la Guerra de la Independencia Española (1808-1814). Durante este conflicto, Fernando VII se convirtió en un símbolo de la resistencia española contra la ocupación francesa, siendo aclamado como "El Deseado". Las Cortes de Cádiz, reunidas durante la guerra, elaboraron la Constitución de 1812, un texto liberal que establecía la soberanía nacional, la división de poderes y reconocía amplias libertades individuales. Esta Constitución, aunque promulgada en nombre de Fernando VII, representaba una amenaza directa a sus ideas absolutistas.

Tras la derrota de Napoleón, Fernando VII regresó a España en 1814. En lugar de jurar la Constitución de 1812, como se esperaba, la abolió mediante el Decreto de Valencia, restaurando el absolutismo. Esta decisión decepcionó profundamente a los liberales españoles, quienes habían luchado por su regreso creyendo que abrazaría los principios constitucionales. Comenzó entonces el periodo conocido como el Sexenio Absolutista (1814-1820), caracterizado por la persecución de los liberales, la represión política y la restauración de las instituciones del Antiguo Régimen. Se restablecieron la Inquisición y los privilegios de la nobleza y el clero. Muchos liberales fueron encarcelados, exiliados o ejecutados, mientras que otros se organizaron en sociedades secretas y conspiraron para derrocar el régimen absolutista.

El descontento generalizado, exacerbado por la crisis económica y la ineficacia del gobierno, culminó en el pronunciamiento de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan en 1820. Riego, un militar liberal, proclamó la Constitución de 1812 y obligó a Fernando VII a jurarla. Se inició así el Trienio Liberal (1820-1823), un periodo de gobierno constitucional que intentó implementar las reformas liberales consagradas en la Constitución de Cádiz. Sin embargo, el Trienio Liberal estuvo marcado por la inestabilidad política, las divisiones internas entre los liberales (moderados y exaltados) y la oposición de los absolutistas, quienes conspiraban para restaurar el absolutismo.

Fernando VII, aunque aparentemente sometido a la Constitución, secretamente buscaba ayuda de las potencias absolutistas europeas, agrupadas en la Santa Alianza. En 1823, la Santa Alianza intervino en España enviando un ejército francés, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, para restaurar el absolutismo. Las tropas francesas invadieron España, derrotaron a los liberales y repusieron a Fernando VII como monarca absoluto. Comenzó entonces la Década Ominosa (1823-1833), un periodo de represión aún más severa que el Sexenio Absolutista. Los liberales fueron nuevamente perseguidos, encarcelados y ejecutados. Se crearon comisiones militares para juzgar a los sospechosos de liberalismo y se restablecieron las instituciones del Antiguo Régimen con mayor vigor. La Inquisición, aunque formalmente abolida, fue reemplazada por Juntas de Fe que continuaron persiguiendo la herejía y la disidencia política.

Durante la Década Ominosa, la cuestión sucesoria cobró importancia. Fernando VII, casado en cuartas nupcias con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, no tenía descendencia masculina. En 1830, María Cristina quedó embarazada y Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, un decreto que permitía la sucesión femenina al trono, derogando la Ley Sálica que impedía a las mujeres reinar. Esta decisión excluía de la sucesión a su hermano, el infante Carlos María Isidro, quien era el heredero presunto y un ferviente absolutista. El nacimiento de la princesa Isabel en 1830 consolidó la sucesión femenina, pero también exacerbó la división entre los partidarios de Isabel (isabelinos o liberales) y los partidarios de Carlos (carlistas), lo que condujo a las Guerras Carlistas tras la muerte de Fernando VII en 1833.

Además de la represión política interna, el reinado de Fernando VII estuvo marcado por la pérdida de la mayor parte del imperio colonial americano. Las guerras de independencia hispanoamericanas, que se habían iniciado durante la Guerra de la Independencia Española, continuaron durante su reinado, impulsadas por el descontento de las colonias con el gobierno español, las ideas liberales y el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos. Fernando VII intentó sofocar las rebeliones, pero sus esfuerzos fueron infructuosos debido a la debilidad del ejército español, la falta de recursos y la oposición de Gran Bretaña, que apoyaba la independencia de las colonias. A finales de su reinado, España solo conservaba Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

El reinado de Fernando VII fue un periodo de profunda crisis y transformación para España. Su absolutismo restaurado, su represión liberal y la pérdida del imperio colonial americano dejaron una huella duradera en la historia española. Su figura sigue siendo objeto de debate, siendo visto por algunos como un rey legítimo que defendió la tradición y el orden, y por otros como un monarca déspota y felón que traicionó las esperanzas de modernización y progreso de España.

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